domingo, 16 de marzo de 2008

Cameron Crowe


Supongo que no sabia muy bien como empezar, pero hoy en la mañana, como una señal del destino, apareció en mi TV nueva el titulo de una película que empezaría en los próximos minutos, y que sabia, no me podía perder, aunque ya la había visto, claro.

Cameron Crowe dota sus filmes de demasiadas fotografías y pequeños detalles de películas, carreteras, y bandas. Recuerdos que uno no puede evitar guardar en sus cajones y en su mente, recuerdos que después se convertirán en una propia historia si tenemos la oportunidad de retratar la vida a nuestra pinta, como en Vanilla Sky (adaptación de Abre los ojos).

Si tenemos que hablar de las películas de Cameron Crowe, podríamos enfocarnos en 4 de sus títulos y entender la metodología que hace que cada una de estas trate de exactamente lo mismo, pero sea un viaje completamente nuevo a fin de cuentas.

Partamos por lo básico. El fracaso. Es un tema que nunca he vivido con alguna de las películas que he visto de su autoría, ninguna ha fracasado para mi, sin embargo parece ser el tema mas recurrente en sus guiones. Independiente de si todas terminan con una gran victoria, es indiscutible que cuando la pantalla se tiñe de Cameron Crowe, se tiñe de un personajes masculino, que ha fracasado, esta fracasando, o fracasará. Es un tema recurrente en nuestras vidas. La mitad del tiempo estamos abajo, para poder subir, y es en esta vuelta de la circunferencia en la que se fija este director, para relatarnos sus historias.
Fijémonos en casi famosos, un chico no-cool, prematuro y sobreprotegido que intentando vivir su vida se compromete con escribir 4000 palabras sobre algo de lo que no tiene idea: sexo, drogas y rock and roll. En Jerry Maguire nos encontramos con un tipo exitoso que por abrir demasiado la boca en un momento de epifanía, provoca uno de los despidos mas hirientes y adrenalínicos en la historia de los despidos repentinos y desesperados. En Elizabethtown nos presenta a un joven soñador que desperdicia 7 años de su vida en fabricar un zapato que termina siendo la probable causa de que el ser humano vuelva a andar descalzo por la vida. A esto le podemos sumar en Vanilla Sky, un tipo que lo tenia todo y que por consecuencias de decisiones apresuradas, se quedo con la cara desfigurada y un montón de millones que no le sirvieron para seguir con vida.
Así comenzamos a entender el patrón que utiliza para presentarnos a sus personajes en la mitad del caos, incluso algo suicidas, en los dos últimos casos, y que necesitan en sus vidas un factor de redención, que los salve de un destino irreconciliable. Es ahí cuando entramos nosotras. Penny, Sofia, Claire, Dorothy. La fuerza para salvarse, para seguir creyendo, para reconciliarse con los enemigos, para volver a la vida, siempre es, un rostro angelical, y un par de lagrimas, en las escenas mas memorables, de sus películas mas resientes.

Pero no es equivoquen, estos factores, además de las excelentes bandas sonoras, y guiones llenos de palabras que como fanáticos del cine, solo encontramos en las películas, aun cuando nos gustaría decirlas en la vida real; no hacen que todas sus películas sean iguales, es mas, te convence de que toda etapa de la vida va acompañada de nuevos problemas, para los cuales, la mayoría de las veces, en nosotros mismos, los seres humanos, podemos encontrar una solución. La magia de estas historias de perdidas y redescubrimientos es que cada caso es único e irrepetible. En la vida, como bien algunos sabemos, hay millones de instancias para cometer el mayor fracaso del momento, y aunque algunos parecen creer que es posible tropezar de nuevo con la misma piedra, se equivocan, cada equivocación, aunque de ella sean parte los mismos protagonistas, y el mismo gran problema, nunca será igual a la primera o la tercera vez. Ningún error por idéntico que parezca ser, es igual al anteriormente cometido, y ninguna puerta de salida se abre con la misma manilla.

Eso es lo mágico de estas historias, que cada una es un ejemplo de salvación distinta, en donde los finales “felices” son requeridos, y que hacen que este director te maraville una y otra vez con sus canciones que te llegan al alma, y sus frases sarcásticas, imaginarias, sinceras y desesperadas, que sumadas a escenas como la expresión de René Zellweger cuando Tom Cruise es abrazado por el pequeño Lipnicki, o las lagrimas de Kate Hudson cuando le pregunta a su mas grande admirador, por qué clase de cerveza la cambiaron, se convierten en momentos increíbles, que, cualquiera de nosotros, que alguna vez hemos fracasado, no nos podemos perder.

La película de hoy era Almost Famous, un film en donde el “almost” lo explica todo. Un film de un director que se nota que ama a sus personajes, y que los dota de un background y una atmósfera dramática tomada a la ligera que hace que los amemos bajo cualquier circunstancia. Un film que se trata de algo que Alberto Fuguet mencionó en el libro que estoy leyendo, algo así como que la virginidad, y mejor dicho, la inocencia, no se pierde del modo que todos suponemos, se pierde cuando entran en juego las emociones.

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